Dejemos el egoísmo de lado. Vivamos el día sin pensar demasiado en el mañana. Lo que importa es el hoy. Esas y muchas frases nos (me) encanta decirlas o pensarlas más bien porque la realidad es esa y nadie la puede cambiar. La puede amoldar, disimular o simplemente girar la vista para otro lado y seguir, continuar, mirar hacia adelante, hacia lo que queremos ser, hacia el sueño que vive latente y espera despertar por fin. Es importante que vivamos, que nos dé gusto despertar todos los días porque tenemos por qué o por quién. Es vital rodearse de aquellas personas que nos transmiten su cariño, su amor, su protección, que comparten su vida, sus días. Está claro que la vida no es fácil, ni siquiera cuando se es chico y creíamos que el problema más grande era no poder jugar todo el tiempo, que mamá o papá quisiera más a uno de tus hermanos o que no nos querían por el reto o el "castigo" cuando nos portábamos mal. Siempre en todo momento se nos presentan problemas, obstáculos, cuestiones que parecen ser las peores de sobrellevarse y dejar atrás. A medida que pasan los años, que vas "creciendo" también parece que todo es más difícil. Ya no es lidiar con no salir a jugar o aguantarse horas sin tu juguete o juego favorito. Ahora es más tareas, más exámenes y los problemas típicos de la adolescencia. Los primeros amores, la desilusión, no encajar en determinado grupo y hacerlo todo para que te acepten o simplemente ser uno y no importar qué dirán ni nada ni nadie. Y con los años adolescentes viene la rebeldía, el creer que ya crecimos lo suficiente y alejarnos de los consejos de papá y mamá, de que somos seres independientes, de que ya no nos pueden decir nada porque "ya somos grandes". Lo creíamos en verdad. Pero otra vez la vida, la realidad nos demostró que nunca se es grande, que siempre vamos a necesitar del abrazo de mamá, del consejo de papá y viceversa. Que hay problemas más grandes, más difíciles que no gustarle al chico/a de tu clase o no ser la más popular del colegio, porque ahora es empezar una nueva etapa, es entrar al mundo de los adultos dicen. Sí, claro, cuando decidís por propia elección o por tradición familiar seguir esa carrera y te sumergís en la vida universitaria tan pesada y a la cual hay que dedicarle gran parte de tu tiempo y, en definitiva, de tu vida porque en el medio hay que trabajar y no siempre se encuentra al primer intento o suele ser más tedioso que la carrera en sí. Porque ese trabajo que sustenta el estudio es espantoso no sólo por el pobre sueldo que se recibe sino por la gente con la que se trabaja, etc, etc. Y este sí resulta un problema difícil de saltar porque ya somos adultos y por ende independientes económicamente o por lo menos eso se supone cuando hablábamos de adultez, cuando allá a lo lejos queríamos ser grandes. Después nos damos cuenta que no jugar, no ser la chica/o popular era lo mejor que nos podía pasar porque del otro lado y en todo momento estarían nuestros padres que nos harían sentir que todo lo malo dura un momento y después se va. Pero y aunque en esta etapa y en todas las anteriores y las que vendrán ellos estarán para nosotros, lo cierto es que es ahora nuestro problema y objetivo salir adelante, continuar, vivir el presente, buscar ir hacia donde queremos estar y ser, total ellos siempre estarán para decir que todo pasará, que nos quieren, que somos su orgullo.
Los problemas son y serán difíciles pero no imposibles de superar. Siempre pensaremos que "a mí me pasa de todo", que nuestros problemas son los peores, que nadie nos supera en sufrimiento. Y en algún punto hay cierta verdad en ello pues el efecto dominó se hace presente ante cada problema y eso implicará creer que la mala suerte nos persigue, y como consecuencia nadie pasa por lo que vos pasás o sufrís pero la vida y el mundo es inmenso y nos demuestra que siempre hay alguien que sufre más que vos y aún así tiene esperanzas y ganas de vivir, que sonríe porque ve salir el sol o escucha el sonido de los pájaros o porque tiene un día más en la vida que quizás de a poco se le va apagando. Cómo no creer y concluir que nada es un problema cuando ves a un niño jugar estando internado y su sonrisa hace desaparecer todo dolor. Cómo decimos tener problemas cuando no estamos en la piel de una madre, de un padre que ve sufrir e irse a un hijo o no atravesamos el extenuante tratamiento para quedar embarazada y nunca poder conseguirlo y ese resulta el mayor de tus anhelos. Nos tomamos la licencia de quejarnos, de lamentarnos porque así somos individualistas y egoístas, creyéndonos dueños de un dolor que no es tal, de un problema ante el cual podemos hacerle frente o esperar que nos pase por arriba. Lo digo porque sé qué es lamentarse y preguntarme por qué a mí cuando en realidad existen personas que lo han vivido todo, bueno y malo y siguieron adelante. Lo digo porque un nene me demostró sin querer que la actitud ante los problemas lo es todo. Que nada ni nadie puede limitarte, que los ojos no detienen tu vida y lo que ellos transmiten sólo dependerá de uno. Porque a su edad se comportó como el adulto que muchos no somos y me llevó a muchos años atrás en mi vida a reflexionar cuán diferente sería mi perspectiva y actitud ante la vida si sólo hubiese enfrentado mis problemas en mi favor y sin importar el qué dirían o el cómo me miraban. Él era él y con eso fue suficiente para que yo lo admirara y entendiera que el problema es tal si queremos que así sea.
Encontré el arte de hablar sin emitir palabra, de decir muchas cosas a través de mi palma.
miércoles, 28 de septiembre de 2016
domingo, 11 de septiembre de 2016
Uno que quiere por dos
Sí alguna vez les pasó que de repente uno quiere por dos, este poema refleja un poco eso o no sé, tan sólo surgió.
Te escribo para que me leas
y es inútil, pues ni te enteras.
Invento que te hablo y que al fin respondes.
Recreo en mi mente eventuales situaciones
y no me doy cuenta que son solo ilusiones.
Vuelvo a hablar a través de los versos
y son las rimas lo único que tengo.
Porque nada tiene sentido
que el sentido común entienda.
Cómo es que me dijiste lo que no recuerdas?
Es extraño pensar y pensarte.
Sé que allí estás y te esfumaste.
Ni siquiera entiendo el curso de lo que escribo
si esto jamás será leído.
En tu felicidad te veo y es a mí a quien no entiendo.
No puedo escurrirme ahí, donde no pertenezco.
Pero suele ser así de igual mi situación
cada vez que encuentro mi corazón.
miércoles, 7 de septiembre de 2016
... Quiero querer....
Hace varios días no publico nada aquí pero eso no significa que mi boca no hable a través de mis escritos. Así que una noche anoté en mi celular algo que surgió tan fluido como el agua misma. Se los comparto :
Quiero ser libre en plenitud.
Quiero reír y llorar.
Quiero el amor en mi vida.
Quiero la felicidad.
Quiero mirarte a los ojos y nunca despertar.
Quiero soñar a tu lado; quiero ir más allá.
Quiero irme y volver;
Quiero ver y no ver.
Quiero días eternos y noches de luna.
Quiero el sol en el cielo y días de lluvia.
Quiero el frío invierno y el pesado verano.
Quiero sumar a mis años
un poco de locura
y olvidarme de a ratos
lo que llaman cordura.
Quiero viajar en el tiempo, volver hacia atrás.
Encontrar mi pasado y poderlo cambiar.
Quiero sortear los problemas, dejarlos pasar.
Quiero dejar la tristeza, que no gane mi soledad.
QUIERO TODO ESO Y MÁS.
QUIERO QUERER Y QUE ME QUIERAS
Y QUE POR FIN SEA VERDAD.
Quiero ser libre en plenitud.
Quiero reír y llorar.
Quiero el amor en mi vida.
Quiero la felicidad.
Quiero mirarte a los ojos y nunca despertar.
Quiero soñar a tu lado; quiero ir más allá.
Quiero irme y volver;
Quiero ver y no ver.
Quiero días eternos y noches de luna.
Quiero el sol en el cielo y días de lluvia.
Quiero el frío invierno y el pesado verano.
Quiero sumar a mis años
un poco de locura
y olvidarme de a ratos
lo que llaman cordura.
Quiero viajar en el tiempo, volver hacia atrás.
Encontrar mi pasado y poderlo cambiar.
Quiero sortear los problemas, dejarlos pasar.
Quiero dejar la tristeza, que no gane mi soledad.
QUIERO TODO ESO Y MÁS.
QUIERO QUERER Y QUE ME QUIERAS
Y QUE POR FIN SEA VERDAD.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)