Mientras el mundo afuera se tropieza al hablar,
en su mente un oleaje de pensamientos van;
queriendo acomodar las palabras que no saldrán.
Respirando un poco más fuerte, y exhalar...
Suspirando profundo, y aguantar...
Mientras el ruido por fuera turba su tranquilidad,
la paciencia por dentro se agota un poco más.
Y en su balanza de miedos, uno nuevo se asentó:
el de la vulnerabilidad manifiesta, que se cansó:
de estar encubierta, de no tener puerta.
Mientras las palabras se acumulan como hojas caídas,
el crujir de las pisadas se puede oír
destruyendo ellas lo que estabas por decir.
Dándole paso al silencio bendito
compañero sabio, inaudito:
de noches vacías, de días superfluos,
de lágrimas frías, de sonrisas divinas.
Compañero inagotable de mis poesías,
de aquellas que te escribo,
de aquellas que he leído.
Compañero en la soledad que acompaña mi vida.
El silencio que invade mi boca, que inspira y que guía.
Mientras el ruido esté allí afuera,
el silencio es mi compañía.