jueves, 12 de septiembre de 2019

El Infierno

El infierno. Cada uno convive con uno. Demonios externos, que atormentan, presionan, no te dejan dormir. Y los otros, los que te persiguen por dentro, llevás a todos lados, no pudiendo zafar de ellos. Demonios no exorcisables, si es que existe tal palabra. No exorcisable porque cuando intentas dar un paso adelante, pretendiendo seguir el curso "normal" de la vida, ésta se manifiesta imperturbable. Su realidad te atrapa, te ahoga, te asfixia, te mata. Pero ni siquiera esta última opción deja a tu voluntad, porque te construyó de sentimientos, de emociones y de pensar en un otro u otros, haciendo a un lado lo malo, TU concepto de 'malo' y sigues. Otra vez, con los demonios más vivos que nunca, más a flor de piel. Más insistentes, más haciéndote a un costado. Pero siempre ahí, con vos, en cada paso, en cada sombra, en cada mirada, incluso en cada risa que te atrevas a soltar.  Y soltar, ¡Qué difícil de soltar! lo que no quiere o puede ser soltado. Lo que, de soltarse, te haría invisible para siempre. 
Entonces buscas maneras de mantener una pacífica convivencia con tus demonios, los de afuera y, sobre todo, los de adentro. Impones, aún cuando tenga finitud, una alegría falaz, un desinterés mezquino, una sonrisa apretada, un "todo bien" habitual y un despliegue de posturas, manifestaciones, expresiones que no dejen duda alguna. 
Lo impones a diario. Te armas una burbuja, pretendiendo que sea lo más resistente e impermeable posible. A riesgo de que explote en cualquier momento. Y así, la vas moldeando, haciendo de ella lo más cercano a la vida soñada, sin demonios ni infierno, ni lenguas de fuego, siempre a punto de quemar. Y van en aumento, crece tanto que explotó. Y sí, se filtró en una pequeña abertura, la realidad. Apenas asomó su existencia, otra vez los demonios y todo lo construido, vivido y pensado, se tira y cae al precipicio, impactando de lleno contra el suelo de la realidad. Atrás, mientras, quedaron los sueños, los pensamientos y las ganas. Resurge el desafío de ser, de estar, de continuar. Desafío que tomó la delantera el infierno, con sus demonios y sus llamas, quemando de a poco pero con certidumbre cada respiro. Sólo queda respirar. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario